La semana pasada fue intensa, muy intensa. Muchas sesiones, muchos cuentos, muchos kilómetros… Me encanta mi trabajo, pero esta vez tenía ya ganas de que terminara la semana. Y resulta que al final llegó lo mejor.
El domingo por la mañana estuve contando en la Biblioteca de Alcalá de Gurrea, con Bea que siempre sabe convocar a sus usuarios. Hice una sesión para adultos, que salió preciosa con la complicidad del público y en la que no faltaron las risas. Qué público más fantástico. Me fui para casa abrazada, sintiéndome querida y sobre todo, sorprendida. José Luis me había escrito dos jotas. ¡A mí, a la cuentista!
Hace unos meses estuve con ellos en una de las reuniones en las que recogen la memoria oral de Alcalá. Y de allí fue de donde José Luis tomó la idea para estas jotas.
Emocionada es poco.
A la próxima me llevo un porrón y cantamos. Me muero por oír estas letras en su voz.

Pero es que además estuve en Ayerbe contando cuentos en las Jornadas micológicas. Una suerte, contar como en casa, niños entregados, mayores disfrutones con ganas de oírme una vez más.
Pero es que Mamen vino a contarme que Teo había hecho un taller de tartas sin gluten por la mañana y… me había guardado un trocito. ¡Me supo a gloria! No solo porque estaba riquísima como todas las que hace Cristina de @postressinglu , si no porque con todo el cariño se acordaron de mí, de que soy celíaca, y me guardaron un trocito para que me la comiera allí.

Qué afortunada me siento de que llegue el otoño y reciba frutos tan hermosos, hechos con tanto cariño.
Ya sé que las redes son mucho de postureo, pero os prometo que José Luis, Teo y Mamen consiguieron emocionarme. Muchas, muchas gracias a los tres.
¡Cuánta gente bonita se acerca a los cuentos!

